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“Yo he tenido que luchar para ser yo y que se me respete, y llevar ese estigma, para mí, es un orgullo. Llevar el nombre de lesbiana. No voy presumiendo, no lo voy pregonando, pero no lo niego. He tenido que enfrentarme con la sociedad, con la iglesia, que dice que malditos los homosexuales… Es absurdo. Cómo vas a juzgar a un ser que ha nacido así. Yo no estudié para lesbiana. Ni me enseñaron a ser así. Yo nací así. Desde que abrí los ojos al mundo. Yo nunca me he acostado con un señor. Nunca. Fíjate qué pureza, yo no tengo de qué avergonzarme… Mis dioses me hicieron así”, afirmaba la gran dama de la ranchera y el bolero desgarrado a El País en el año 2000. Era su salida del armario “oficial”, la confirmación de un secreto a voces. Llegó a correr la leyenda de que robó a una mujer a punta de pistola a lomos de un caballo blanco. Ella lo ha negado… Otra leyenda afirma que su leve cojera se debía a que, debido a un desengaño amoroso con otra mujer, se tiró un día por la ventana.