Por Miguel Melenciano
New York,.-La iglesia Católica que había renegado, por años, que en su interior coexistiesen clérigos vinculados a practicas homosexuales y actos corruptivos, hoy da un paso al frente y reconoce la existencia de "una corriente de corrupción" interna, así como del llamado "Lobby (grupo de poder) gay".
Al Papa Francisco, primer pontífice latinoamericano y jesuita, surgido a raíz de la renuncia de Benedicto XVI, le ha tocado destapar esta caja de pandora y dar a conocer el secreto mejor guardado, pero sabido por todos, de los vericuetos que, desde tiempos inmemorables, se cuecen en la Santa Sede.
El jesuita Jorge Mario Bergoglio, hombre llano, a quien no se le aprieta el pecho al momento de decir dos o tres verdades, por ser miembro de una organización religiosa que ha vivido entre la alabanza y la crítica. En 2010, fue un rígido fustigador contra el gobierno de Cristina Fernández cuando ésta trató de impulsar una ley que permitiera el matrimonio entre parejas del mismo sexo.
Hoy, el Pontífice número 266 de la Iglesia católica, y jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, amargamente confiesa que "En la curia hay gente santa, de verdad, hay gente santa. Pero también hay una corriente de corrupción, también hay, es verdad... Se habla del 'lobby gay', y es verdad, está ahí... hay que ver qué podemos hacer...".
Con la confesión del Santo Padre, se vislumbra el nuevo renacer de la Iglesia Católica, pero al mismo tiempo, echa sobre sus hombros la responsabilidad de como Jesús usar un azote de cuerdas, y echar a todos del Templo, junto con las ovejas y los bueyes, tirar las monedas de los cambistas y volcar las mesas. Y decir a los vendedores de palomas: “Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado”. Pero también, tendrá que lidiar con una nueva realidad mundial, de la cual ninguna sociedad esta a salvo: Corrupción y la homosexualidad.







