Por Orlando Holguín
Mientras
la televisión, según pregonan sus principales protagonistas, se debate
en una crisis económica, crisis que, decimos nosotros, también incluye
la falta de valores, de contenido e innovación, se cumplen 3 años del fallecimiento de la más completa figura de la pantalla chica y uno de los artistas más acabados que ha dado el país.
Además
de su gran talento, Freddy se convirtió en una respetable voz a
mediados de los 70’s, época en que Joaquín Balaguer comenzaba a
descender de su estrellato político, descenso que dio al traste con el
triunfo del hoy destrozado y despedazado Partido Revolucionario
Dominicano PRD, luego de los famosos 12 años de Balaguer.
No
podemos decir que Freddy comenzó a jugársela a partir de la década del
70, pues todos conocemos de su participación en la gesta de abril, y de
su enfrentamiento al sátrapa Trujillo, posición por la que fue
encarcelado. Con relación al régimen de “Chapita”, recordamos un
artículo escrito por Freddy en el periódico El Nacional, donde más o
menos narraba que mucha gente sentía apuros de que los demás supieran
que poseía una prótesis dental, pero que él llevaba una porque le habían
roto algunos dientes de una patada, en una cárcel durante la terrible
tiranía, lo que lo llevó a recurrir al dentista.
Volviendo
a la televisión, lo que ocurrió con Freddy, desde nuestro punto de
vista, fue que encontró un nicho, un vacío y, conjuntamente con su
capacidad, comenzó a transitar otro camino en la comunicación y en la
conducción de la televisión, asumiendo un estilo donde la protesta y las
críticas sociales estaban presentes, un estilo con el cual asumía
posiciones ciudadanas a veces hasta radicales y el resultado no se hizo
esperar.
Lo hacía con una voz de trueno, pero sin inmiscuirse en la política (aun lo tentaban), lo que les daba un valor inconmensurable a sus posiciones. Este servidor (igual que muchos dominicanos) era uno que cada domingo esperaba con ansias la acostumbrada “regá” de Freddy en el Gordo de la Semana, sin sospechar que veinte y tantos años después escribiría para el más famoso y longevo programa semanal de variedades que ha tenido la televisión dominicana.
Lo hacía con una voz de trueno, pero sin inmiscuirse en la política (aun lo tentaban), lo que les daba un valor inconmensurable a sus posiciones. Este servidor (igual que muchos dominicanos) era uno que cada domingo esperaba con ansias la acostumbrada “regá” de Freddy en el Gordo de la Semana, sin sospechar que veinte y tantos años después escribiría para el más famoso y longevo programa semanal de variedades que ha tenido la televisión dominicana.
¿Surgirá
otro Freddy? En los medios de comunicación soplan otros vientos, y
aunque tenemos figuras con gran credibilidad, muy pocas, por no decir
casi ninguna, pueden ponerse el traje del Gordo. No hay comunicadores
dispuestos a jugársela, a “cantársela” a los políticos, a asumir
posiciones radicales, a decir la verdad o su verdad, a defender a la
ciudadanía, pues esto conlleva una serie de “riesgos”, que incluyen el
aspecto económico, el cual podría afectar sus espacios, puesto que,
aunque muchos creen que no, aquí todavía con una llamada le pueden joder
la vida a cualquier persona que atente contra el statu quo, contra el
desorden, perdón, el orden, establecido, y hay que estar claro: aquí lo
que la política no pudre, lo daña.
En
cuando al talento, nadie debe enojarse, pero ninguna figura de la
televisión tiene el que poseía Freddy: escribía, cantaba, conducía,
animaba, componía, actuaba, rimaba, parodiaba, producía, tocaba la
guitarra y hasta conocía los aspectos técnicos de la televisión. En su
preparación hubo algo que ayudó bastante: vivió fuera del país por
varios años, en una época en que estos predios eran aún más aldea que
ahora. De allí donde le tocó vivir, tomó y trajo aspectos para lo que
sería su formación total como comunicador y productor.
Por ejemplo, Freddy creía fielmente en el libreto, y no se conformaba con escribir, sino que tenía en sus programas hasta tres libretistas, a los que pagaba muy bien. Los productores dueños de espacios de hoy día (salvo algunas excepciones), no creen en el libreto, es más, hasta se burlan de éste, pues se ahorran esos chelitos confiando en su genialidad y en la capacidad de sus coordinadores de producción, quienes a veces ni siquiera manejan bien la gramática y el lenguaje, aspecto tan importante a la hora de comunicar en los medios de masa.
Por ejemplo, Freddy creía fielmente en el libreto, y no se conformaba con escribir, sino que tenía en sus programas hasta tres libretistas, a los que pagaba muy bien. Los productores dueños de espacios de hoy día (salvo algunas excepciones), no creen en el libreto, es más, hasta se burlan de éste, pues se ahorran esos chelitos confiando en su genialidad y en la capacidad de sus coordinadores de producción, quienes a veces ni siquiera manejan bien la gramática y el lenguaje, aspecto tan importante a la hora de comunicar en los medios de masa.
En
fin, en las diferentes manifestaciones del arte, cada sociedad o país
tiene un genio. Nosotros tuvimos a Freddy, artista completo, ser humano
con defectos y virtudes, pero genio al fin, figura que dominó el
escenario local de la comunicación y el arte popular por casi cuatro
décadas consecutivas como primera figura, dejando huellas que
permanecerán con el paso del tiempo. ¿Surgirá otro Freddy Beras Goico?
Quizás sí, pero difícilmente lo veamos estas
generaciones.
generaciones.








